Con la llegada del otoño, la mayoría de los padres se enfrentan a un gran desafío: ¿cómo organizar el tiempo libre de sus hijos? Faltan solo unos meses para que volvamos a los coloridos parques infantiles, así que hay que buscar formas de evitar que se aburran en casa. Los días frescos de otoño son una gran oportunidad para embarcarse juntos en una aventura culinaria y para enseñar a nuestros pequeños que las tareas del hogar pueden ser divertidas ¡y deliciosas!
Incluso con tan solo dos años, un niño pequeño puede ayudarnos a empezar el día de forma deliciosa. Así que, preparemos unos huevos nutritivos para darle a tu hijo energía para un día lleno de locuras y nuevos descubrimientos. Servidos en un divertido vasito, despertarán el interés e incluso pueden saber mejor de lo habitual. Aunque, por supuesto, debemos mantener la olla de agua caliente lejos de los pequeños, ellos se desenvolverán muy bien con la preparación del pan por la mañana. Con el colorido y seguro cuchillo, pueden untar fácilmente mantequilla en un bollo o una rebanada de pan. También será útil para el segundo desayuno: deliciosos sándwiches con su queso o mermelada favorita estarán listos en un abrir y cerrar de ojos.
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La cena también puede ser un trabajo en equipo. Los niños pequeños quizás no puedan asar un pollo crujiente o preparar una lasaña, pero anímales a ayudar. Confía en sus habilidades y cocinar juntos será muy divertido. El pequeño puede dar forma fácilmente a las albóndigas de carne o verdura; una cara orgullosa compensará su forma menos que perfecta. Dale a tus hijos un cuenco y pídeles que recojan hojas de lechuga o hierbas. Deja que prueben un chorrito de zumo de limón y que mezclen todo. Todos pueden poner la mesa; un juego de platos divertidos probablemente aumentará el apetito para la cena. No olvides alabar y agradecer a tu hijo, ya que la sensación de éxito le dará una gran confianza y el deseo de seguir cocinando. También deja que tu hijo decida qué cocinarán juntos en el futuro; elegir recetas juntos será un gran placer.
Aunque ver una barra de chocolate nos hace temblar por el estado de los dientes pequeños, sabemos muy bien que no podemos mantener a los pequeños alejados de los omnipresentes dulces. Sin embargo, podemos mostrarle a tu hijo que hay alternativas caseras mucho más saludables. Al hacer dulces junto a ellos, no solo controlamos la cantidad de azúcar, sino que también les proporcionamos una gran diversión. Un postre casero seguro que será un manjar especialmente apreciado. Todo lo que necesitas es un poco de tiempo libre, ganas y algunos accesorios. Un juego de repostería personalizado hará que tu hijo se sienta realmente especial. Los coloridos moldes crearán hermosas y sabrosas magdalenas, que también podéis decorar juntos. Deliciosas piruletas, helados o gelatinas también se pueden crear en la cocina casera. Antes de que nos demos cuenta, las tareas se convertirán en una gran diversión.

